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Con el paso del tiempo, la prosperidad de las colonias aumentó, y despertó el interés de la metrópoli (Inglaterra), con lo cual los ingleses comenzaron a imponer una serie de regulaciones y trabas al comercio de las colonias, con el fin de beneficiarse económicamente de la actividad de los norteamericanos. Además, el gobierno inglés aumentó los impuestos e impidió la apertura de más fábricas y la colonización de nuevos territorios, con lo cual creció el malestar entre los burgueses de las colonias.
La relación entre Inglaterra y sus colonias se agravó aun más al comenzar la guerra de los Siete Años, en la cual Inglaterra se enfrentó con Francia precisamente por el control de las colonias de Norteamérica. En este conflicto los colonos norteamericanos participaron activamente apoyando a Inglaterra, con lo cual los ingleses consiguieron derrotar definitivamente a Francia; sin embargo, en pago por haberlos apoyado, el gobierno inglés de Jorge III decidió imponer mayores restricciones a los colonos, como los impuestos sobre el papel timbrado y el té. Esto resultó ser la gota que derramó el vaso, ya que finalmente los colonos decidieron oponerse a ser gobernados por un estado que poco los tomaba en cuenta. |