Unidad 1. Revoluciones Atlánticas

El reinado de Luis XVI (1774-1792) se encontraba casi en bancarrota debido a los excesos de la corte y a un malo estado en las finanzas. Con tal suerte decidió adoptar medidas que afectaron a sectores importantes de la sociedad, como el clero y la nobleza, imponiéndoles toda clase de impuestos que pondrían fin a sus privilegios. Recordemos que la sociedad francesa se encontraba dividida en estamentos que tenían en la cúspide al rey y a su familia, y dejaba al resto de la población en desventaja, sobre todo al llamado Tercer Estado (donde se encontraban la burguesía y el pueblo en general).

Pero el rey, al haber adoptado estas medidas tan impopulares, prácticamente se había puesto en contra de la mayoría del pueblo francés, incluyendo al clero y la nobleza. Estos exigieron al rey que convocara –después de 150 años – a los estados generales (el equivalente a las cortes o al parlamento) para exigir al monarca soluciones menos agresivas para ellos. Pero, como el rey seguía teniendo en sus manos el control político, el tercer Estado decidió reunirse por separado y se declaró en asamblea. Como representantes del pueblo francés, los asambleístas afrontaron una doble misión: elaborar una constitución democrática y acabar con el antiguo régimen.

Lógicamente, el rey y el primer círculo del clero y la nobleza se opusieron a tal situación, y todo parecía indicar que la asamblea sería disuelta de un momento a otro. Los parisinos no esperaron a que fueran contrarrestados y decidieron salir a las calles a manifestarse en contra del rey. Era el 14 de julio de 1789, cuando el pueblo enardecido de Paris decidió tomar por asalto la prisión-fortaleza de la bastilla y liberar a los presos que ahí se encontraban. La Revolución Francesa había comenzado.

Unidad 1
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