Después del surgimiento del protestantismo en Europa, los gobernantes católicos y protestantes hicieron muchas guerras para defender cada cual su religión, ya que en esta época todavía estaba estrechamente ligada la religión con la política.
Así, durante los XVI y XVII, ciertos gobernantes, como Carlos I, cuya familia gobernaba en Alemania y España, se empeñaron en combatir sin descanso al protestantismo, otros monarcas de países como Dinamarca, Suecia y Noruega, defendieron a Lutero y Enrique VIII fundó la Iglesia Anglicana en Inglaterra.
Uno de los conflictos más importantes se dio entre los reyes católicos de España, y la población de Países Bajos, que era protestante. A pesar de la fuerza desplegada por España, los protestantes no se dieron por vencidos y, finalmente, en 1609, España acepta la independencia de Países Bajos, con lo cual nace Holanda, país que desde entonces otorgó plena libertad a sus habitantes de practicar la religión que cada quien eligiera.