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Las deplorables condiciones de vida en que vivían la gran mayoría de los obreros en las nacientes ciudades industriales, hicieron que tarde o temprano protestaran para reclamar una mejora en las condiciones laborales.
Al principio, los obreros estaban recelosos de las máquinas, pues veían que les quitaban trabajo a muchos de ellos, y las consideraban culpables de su mala situación. No tardaron en surgir organizaciones pacificas, cuyo objetivo era unir a los trabajadores para así reclamar mejores condiciones de trabajo. A partir de 1820 se dieron en Inglaterra las primeras asociaciones llamadas Trade Unions, o sindicatos, que reunían a obreros del mismo ramo (industria textil, metalúrgica, etc.)
Además de establecer asociaciones sindicales, los trabajadores comprendieron que también deberían de exigir derechos políticos, que buscaran plasmar en las constituciones sus derechos como trabajadores. Fue así como surgió el socialismo, una ideología que buscaba la igualdad de los seres humanos y la desaparición de las clases sociales. Tanto los ideólogos de Francia (Saint-Simon), como los ingleses (Robert Owen), proponían reformas que se basaban en la educación y la buena fe de los empresarios, así como la colectivización de los medios de producción. Al final de cuentas, este conjunto de reformas no fueron aprobadas por los parlamentos, y fueron considerarlas como utópicas, por su imposibilidad de llevarse a cabo.
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