La arquitectura del Renacimiento también se transformó, y los arquitectos italianos construyeron innovadoras obras arquitectónicas, tan deslumbrantes como la inmensa cúpula de la basílica de San Pedro, en Roma, construida por el genial Miguel Ángel.
A partir del Renacimiento, los artistas dejaron de ser considerados como simples artesanos, ya que su arte rebasaba lo común y corriente, incluso, era costumbre que los gobernantes encargaran grandes obras a estos artistas, por lo cual eran bien remunerados económicamente.
A mediados del siglo XVI, los pintores italianos desarrollaron un nuevo estilo de pintura, en el cual usaban colores más vivos y dejaron de ser más realistas que en el Renacimiento, con lo cual nació el manierismo, derivado de la palabra italiana maniera, que significa estilo. Uno de los pintores más representativos de este estilo fue Domenikos Theotokopoulos, El Greco.
Más adelante en Europa, cuando inician los conflictos religiosos y la Iglesia comienza con la Contrarreforma, ésta se da cuenta de la importancia que tienen en la evangelización el uso de imágenes, y comienza a encargar obras de novedoso impacto a grandes artistas, con lo cual surge el estilo barroco.
El estilo barroco consistía en una abundancia de detalles y adornos, y se utilizó en la pintura, escultura y en la arquitectura.