La exploración de nuevas riquezas posible porque los europeos estaban convencidos de que tenían el derecho de apoderarse de todo cuanto hubieran conseguido, ya que llevaban la verdadera religión y la civilización a los pueblos conquistados. Así, la Iglesia Católica, al ser la máxima autoridad de la época (junto a los emperadores), legitimó la distribución de grandes territorios bajo la expedición de acuerdos y tratados, como la Bula Alejandrina, expedida por el papa Alejandro VI, en la cual se dividía la zona de territorios conquistados entre España y Portugal.
Lógicamente, los demás reinos europeos nunca estuvieron de acuerdo con estos acuerdos, pues también querían participar en la conquista de tierras.
Detrás de los conquistadores europeos llegaron a los territorios conquistados muchos otros hombres y mujeres a colonizar dichas tierras. Entre ellos se encontraban misioneros que llegaron a evangelizar a los nativos de aquellos lugares.